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ILLUMInación y sombras de la Bienal de Venecia 54

Urs Fischer

Una bienal en línea con las últimas ediciones: entre desilusiones, déjà-vu y (pocas) sorpresas. Los ganadores de este año los habiamos, modestamente, individuado también nosotros: Leone d’oro por la mejor participación nacional al Pabellón de Alemania (rebautizado para la ocasión “Egomania”) y el artista que ha cuidado la realización, Christoph Schlingensief, quien transformó el pabellón en una iglesia (interesante el llamado casual al Pabellón Italia  en el cual se reconstruyó una iglesia más modesta, donde está Italia por ser crucificada); Leone d’oro como el mejor artista de ILLUMInazioni a Christian Marclay por el increíble vídeo de 24 horas, The Clock (2010), un trabajo de montaje preciso de clips de películas, en el cual aparecen horas y relojes (y la hora corresponde al momento en el cual lo estás obervando!).

La desilusión, inesperada, nos la procuró la realización de ILLUMInazioni en los espacios del Arsenal: todo más o menos (ultra)visto y expuesto con poca convicción. El vago tema de la iluminación (la iluminación de las naciones, las naciones iluminadas o que iluminan, las iluminaciones de Rimbaud, luces nacionales iluministas…) se pierde y se desprende incluyendo todo y nada. Resalta, talvés por diferencia, el trabajo en cera del suizo Urs Fischer, reproducción de estatuas clásicas como el Rapto de las Sabinas de Giambologna que se derriten como velas, en lugar de que la obra de arte se afirme en los siglos imperecedera, prefiere desaparecer, quemarse a lo largode una muestra y dejar como pista sólo una masa de cera.

Cindy Sherman

Al hablar de la presentación del Pabellón Italia realizado por Vittorio Sgarbi somos conscientes de correr el riesgo de caer en la provocación. Cierto que si el intento era asemejar los espacios de la Bienal a un estudio televisivo de una televenta, o bien a aquellos de una muestra de pintores de una localidad de mar, el propósito se cumplió: por lo que también cosas bellas (como por ejemplo una emotiva escultura de Giuseppe Bergomi) se pierden en el caos del negocio “in conto vendita”. Y dejemos de lado también la operación  “Museo de la Mafia”: un museo al interno de una exposición de arte contemporanea es un disparate o una provocación? Boh… Una vez fuera de Italia, no queda más que un Pabellón chino lleno de niebla de hielo seco (una vez más déjà-vu, pero con un rico buffet) y una representación en el jardín de post-hijos-de-las-flores, fundidoras de vidrio, músicos, bebedores y bailarines de lap-dance sobre una pila de leña ardiente: algo ya visto, pero por lo menos con la audacia de la mezcla de los generos y la frescura de la representación.

Self-Hatred

Por suerte, los jardines son más luminosos o iluminados: la preparación de Bice Curiger continúa en el Pabellón Central y ofrece finalmente algo para reflexionar: el trabajo del sudafricano David Goldblatt que enfrenta el actualisimo tema social del miedo a través de fotografías de ex-delinquentes llevados al lugar del delito, cada foto acompañada de un texto explicativo. Nos lleva a reflexionar la elección de la realizadora de llevar los tres  Tintoretto al Pabellón y hacerlos el centro de la representación: si es verdad que el artista fue un pionero del uso de la luz, es también verdad que confrontarlo con artistas contemporaneos parece más un ejercicio de educación artística que una llave de lectura de la muestra. La representación de Cindy Sherman es útil para seguir la evolución de los autoretratos conceptuales de la grande artista americana. Talvés no tan luminosos o iluminadoslo son los Turistas de Maurizio Cattelan que tienen en cambio,  el honor de llevar el exterior al interior: palomas  encerradas que sobresalen entre las obras y los espectadores, haciendo ellas mismas la parte de espectadores y obra, inquietantes testigos/testimoniales de las ciudades de Arte. Entre los pabellones, además de aquellos tautológicos que encontramos todos los años, vale la pena ver al español, politicamente y culturalmente empeñado, y el coreano que hospeda la videoperformance Angel Soldiere las dos Piedades: Self-hatredSelf-death, serie escultural que utiliza ya sea el molde que la figura en si misma. Las colas kilométricas frente a algunos pabellones, como el inglés, americano y japonés, no nos permitieron visitarlos.

Tampoco el catálogo de la Bienal 54. logra satisfacernos: se ha hecho aún más pequeño de dimensiones, en un solo volumen y es extrañamente pobre de imágenes; sin hablar del caracter tipográfico del texto, de manual escolar.

Entre los pabellones externos y eventos colaterales es seguramente imperdible la muestra Personal Structures en Palazzo Bembo, realizada por Karlyn De Jongh & Sarah Gold con la ayuda del artista Rene Rietmeyer, una colectiva poliédrica nacida de simposios con los artistas iniciados en el 2005. La otra muestra imperdible es Future Pass que presenta más de 100 entre artistas y grupos artísticos de todo el mundo inspirados al arte proveniente de Asia. La muestra está dividida en dos espacios: la Abadia de San Gregorio y Palazzo Magilli.

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